Un estudiante de Zen fue a su maestro y le dijo, "Maestro, tengo un carácter ingobernable. ¿Como puedo curarmelo'".
"Muéstrame ese carácter", le dijo su maestro, "parece fascinante".
"No lo tengo ahora", dijo el estudiante, "por eso no puedo mostrártelo".
"Bien, entonces, dijo el maestro, "tráemelo cuando lo tengas".
"Pero no puedo traertelo justamente cuando lo tengo", protesto el estudiante. "Aparece inesperadamente, y seguramente lo perdería antes de poder alcanzártelo a ti".
"En ese caso", le dijo el maestro, "no puede ser parte de tu verdadera naturaleza. Si lo fuera, me lo podrías mostrar en cualquier momento. Cuando nacíste no lo tenias, entonces debe haber venido desde el exterior. Sugiero que cada vez que se apodere de ti, te golpees con un plato hasta que el mal genio no pueda soportarlo y se vaya".
La próxima vez que te sientas enfurecido, ve y corre alrededor de la casa, siete veces, y luego siéntate debajo de un árbol y observa donde se ha ido la furia. No te has reprimido, no la has controlado, no se la has arrojado a otra persona...